El común de los mortales se equivoca al afirmar que con 37 grados de temperatura corporal, e incluso menos, se tiene fiebre.

Según informa José Andrés Gómez en EL ESPAÑOL, tener fiebre o no tenerla, ésa es la cuestión para sentirse moralmente respaldado para quedarse en casa por estar ‘oficialmente’ enfermo o, en cambio, tener que ir al cole o a trabajar. Pero, realmente, ¿cuándo podemos decir que tenemos fiebre? ¿A partir de 36,5 grados? ¿Cuando llegamos a 37 grados? ¿O cuando sobrepasamos ampliamente la barrera de los 37? Pues te sorprenderás si te digo que la cosa no es tan fácil y que puede que hayas pensado que tienes fiebre en un montón de ocasiones cuando realmente no es así.

Pero empecemos por el principio. Por definición, la fiebre es un conjunto de síntomas cuyo signo principal es la elevación anormal de la temperatura corporal, un fenómeno también conocido como hipertermia. Ésta se produce como respuesta de nuestro organismo ante la presencia de agentes de naturaleza infecciosa o no infecciosa. Sin embargo, nuestra temperatura corporal no sólo se elevará por la presencia de estos agentes, sino que también varía en función de la edad, la hora del día a la que la midamos, la zona en la que pongamos el termómetro, el nivel de actividad que realicemos o, en el caso de las mujeres, si tienen o no la menstruación.

Si bien es cierto que no existe una temperatura media universal, sí que es cierto que según diversos manuales médicos, la temperatura normal de nuestro cuerpo se podría situar en 37 grados (algunos estudios recientes hablan de hasta de 37,2 grados). A partir de esta cifra podríamos hablar de febrícula. Pero ojo, que la cosa cambia si la temperatura la medimos por la tarde, ya que podríamos estar dentro de los valores normales si el termómetro marca hasta 37,7 grados. Así, en función de la hora del día en que realicemos la medición, podríamos o no tener fiebre en un amplio rango de valores.

Tal y como señalábamos anteriormente, nuestra temperatura corporal podría cambiar sustancialmente si en vez de la axila (lugar que utiliza el común de los mortales para colocar el termómetro) introducimos el termómetro en el recto o la boca. El recto se considera la parte del cuerpo que ofrece una medida más fiable, sobre todo en los niños, ya que hasta él llegan gran cantidad de vasos de sangre, que son los que transmiten el calor. Así, por ejemplo, la temperatura corporal que ofrece el termómetro si lo introducimos en la boca suele ser 0,6 grados inferior a la del recto. Tanto el recto como la boca ofrecen temperaturas más altas que las que podemos encontrar poniendo el termómetro en la axila.

En los niños la temperatura normal dependerá tanto de su edad como del lugar de medición. Así, por ejemplo, en los niños de hasta tres meses de edad podemos afirmar que tienen fiebre si el termómetro marca 38 grados o más midiendo a través del recto. Así, en niños de 3 a 36 meses la fiebre se define por temperaturas que van desde 38 grados a 39 o más. A partir de los tres años en adelante, podemos considerar que de 37,8 grados en adelante tenemos fiebre. Así, si el termómetro puesto en la boca marca más de 39,5 tendremos una fiebre alta.

Sigue leyendo este artículo completo en EL ESPAÑOL

Te puede interesar